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Carta abierta a Martín Palermo

(levantado del blog amigo Dame Pelota)

Así se llamaba el post que tenía preparado para hoy.

Pero “aunque usted no lo crea”, como decía Jack Palance cuando cerraba cada informe de “Créase o no” de Ripley, Ayer a la tardecita encontré el mismo título, escrita nada menos que por Carlos Bianchi en ESPNdeportes.com.

En mi post le deseaba a Martín que vuelva. Pronta o no, que la recuperación se dé. Que no era justo que este real personaje de película se retirara obligadamente por una lesión. Que este momento sólo era un capítulo más de su incomparable historia. Que un tipo que se ha recuperado de grandes golpes deportivos, físicos y personales, no iba a darse por vencido por esta lesión.

Pero todo eso señores, terminó en el tacho de basura virtual de este post.

Luego de leer la carta de Carlos Bianchi, realmente me dio vergüenza publicar algo con el mismo título. Y realmente no quería cambiar el formato que había ideado.

Por eso, me sumo a este enorme aguante que le está haciendo la gente a Palermo (parece broma, pero se comentó en el ambiente que Basile estaba a punto de llamarlo para que juegue de nuevo en la Selección…) simplemente con estas líneas, y copiando la carta que le escribió Bianchi ayer en ESPNdeportes.com.

¡Fuerza Titán!

Carta abierta a Martín
(por Carlos Bianchi)

BUENOS AIRES — Voy a comenzar por contarte que en el momento de tu caída, al ver que te tomabas la pierna, les dije a los que estaban viendo el partido conmigo en casa: “Martín se jodió, él nunca se agarra nada”.

Vuelvo 10 años atrás cuando nos conocimos en Tandil, junto a todos los componentes de un grupo extraordinario, con una capacidad de inteligencia muy grande. Ya te conocía futbolísticamente, pero como se puede conocer a un adversario viéndolo jugar contra uno, por algún partido en la televisión, o cuando se asiste al estadio como simple espectador.

Te veía algo que me gusta de los “9” y es que te sentías muy bien dentro de los 18 metros del área, donde no todos se encuentran bien. Hay para todos los gustos en ese puesto: los que se tiran atrás para llegar tocando, o los que van por los costados. Pero vos no. Tu sector era y es el área grande, teniendo además una gran virtud: saber dónde va a caer el balón para anticipar al defensor que no lo sabe.

Contar con un goleador como vos, además de otro que desbordaba al nivel de Guillermo y otro que construía y distribuía como Román, significaba que más de la mitad del trabajo que tenía que hacer para armar el equipo ya estaba hecho.

Bendito ’98 que nos juntamos todos en el lugar indicado y en el momento justo, para cumplir nuestros sueños más preciados como componentes de un grupo con apetito de triunfos.

Futbolísticamente pienso que esos momentos tuyos fueron irrepetibles, porque te consolidaste como goleador ante todos los que dudaban y cuestionaban tus cualidades de definidor.

Hasta que llegó ese partido en Santa Fe contra Colón (el 13 de noviembre de 1999), en el que te rompiste los ligamentos cruzados de la rodilla derecha.

A partir de ahí viviste momentos de dudas terribles, haciéndonte todas las preguntas posibles después de cada sesión de “kine”. Luego pasaste a trabajar en el campo, donde de a poco veías la puerta de salida, a medida que empezabas a tocar el balón y a participar de los picados.

Y no me olvido ese entrenamiento, al día siguiente de la derrota por 2-1 contra River en la Libertadores, en el cual le convertiste dos goles a tu amigo Abbondanzieri.

Recordaré siempre que te agarré al final del mismo y te avisé: “Vas a ir al banco el miércoles próximo y vas a calentar al comienzo del 2ª tiempo, para entrar cuando falten 30 o 20 minutos”.

Te dije además que en esto no había nadie que desee tanto que las cosas te salgan bien más que yo. Recordarás también a los que no estaban seguros de tu posible vuelta…

Si no tomaba esa decisión no hubieras vivido los momentos que llegaron luego.

A partir de ahí, en la cuenta regresiva hasta la semana siguiente, tenías un gran quilombo en la cabeza porque no esperabas que te dijera eso.

La historia terminó bien, con el muchachito de la película diciendo: “Aquí estoy de vuelta”.

Pasamos momentos de charla de todo tipo según tus estados de ánimo. Entre ellas, una en el tunel de una cancha, donde conversamos 30 minutos mientras jugaba la Reserva. Un rato después convertirías el gol de la victoria por 1-0.

Repasamos tu lesión de España, tras la cual también apretaste los dientes y te dijiste por segunda vez: “Voy a volver”. Desde tu regreso a Boca, llegamos a un presente lleno de satisfacciones, preparado para batir todos los récords de eficacia. Una cuestión que esta lesión quiere impedir pero no logrará, porque la vuelta vas a ir programándola de a poco, según tu evolución en la recuperación.

Sos un tipo ganador por naturaleza, con mucha confianza en vos mismo, cualidad que no todos poseen.

Sabés muy bien que el sacrificio físico vas a tener que hacerlo vos, pero que seremos muchos los que desearemos volver a verte en un campo de juego, conviertiendo en gol una situación que para otros no lo era.

Martín, como te dije, vamos a peleársela al destino, que sepa que sos vos el que decidís cuando vas a dejar de golear. No va a ser él, con sus piedras en el camino, el que nos complicará el final.

“El destino conoce nuestro destino que nosotros no conocemos”.

Volverás y después de un par de récords (entre ellos los 206 goles que convertí en Vélez), levantarás los brazos y tendrás todo el derecho de dar las hurras, para disfrutar de haber sido el máximo goleador de los últimos 15 años.

Toda mi admiración y respeto, deseando y esperando tu retorno para poder festejar otro gol.

Felicidades.

Links relacionados:
La carta de Bianchi en ESPNdeportes.com
El homenaje de Tremendamente Motivados
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